Vertiginosa urbanización de Madrid en 25 años

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No es solamente en Estados Unidos donde puede aplicarse el pensamiento que David Harvey, profesor de Antropología y Geografía de la Universidad de New York, que afirma: “La urbanización se vio siempre como una solución a la crisis. Pero ocurre que, al permitir salir de las crisis, la urbanización también las produce”.

En España, ya luego de la crisis del 2008, se presenció un crecimiento en la construcción urbanística, empleando terrenos, recursos y energías a una velocidad impresionante. Las estadísticas muestran que, solamente en una generación, la superficie artificial ha pasado de 60.000 hectáreas en 1987 a 120.000 en el 2011, duplicándolas, y a un paso de 6.47 hectáreas por día a lo largo de esos 24 años, únicamente en la Comunidad de Madrid. Lo que equivaldría a 44 casas de campo por unas 90. Además, disminuyendo las áreas agrícolas de 338.869 hectáreas en 1987 a 294.922 en el 2011, y consigo las forestales, que ha ido de 399.995 a 3820455, aunque sea más pequeña la diferencia.
Siendo estos datos, obtenidos del proyecto europeo Corine Land Cover, un resumen del informe publicado por el Instituto Geográfico Nacional y el Observatorio de la Sostenibilidad, ’25 años urbanizando Madrid, la generación que duplicó la superficie urbana’. Y que son actualizados periódicamente por vuelos, que retratan a Europa, incluyendo a España, desde arriba y que posibilitan analizar las variaciones en los empleos del suelo.
“En la comunidad de Madrid, el suelo con uso artificial es del 15%. En el resto de España es del 2%”, declara Fernando Prieto, doctor en Ecología y uno de los responsables del informe. Continuando, con que ¨el 53,34% de todo lo construido en la comunidad lo fue desde principios de la historia hasta 1987, y el 46,66% restante lo ha sido desde entonces hasta ahora¨. Proclamándose Madrid, en esa utilización de los suelos, como modelo incitante.


Y además comenta Prieto, “A la expansión de la ciudad hay que añadir las infraestructuras sobredimensionadas, especialmente las carreteras radiales”. Ejemplos demostrativos, como en el eje de Colmenar y la A-1, donde la renovación se ajusta alrededor de Colmenar o San Sebastián de los Reyes, pero en los ejes hacia Extremadura. O en Toledo, Andalucía y Barcelona, donde los cambios en los usos del suelo se amplían hasta el límite de Castilla-La Mancha. En tanto ¨las redes viarias y terrenos asociados se han multiplicado por un factor de 8, y las hectáreas de los aeropuertos han pasado de 3.000 a 4.000. ¨
Y prosigue el informe, “Mientras que las áreas urbanas han crecido un 60%, las zonas comerciales e industriales han crecido más de un 126% en el mismo periodo”. Datos que verifican la expansión de las ciudades, encaminados a por un modelo urbano novedoso que se entusiasma por nuevos terrenos, superficies comerciales enormes y los polígonos industriales modernos.


Afirma Prieto, que “La urbanización se ha hecho sin pensar en la calidad de vida de los habitantes”. Madrid se desarrolla vertiginosamente, y áreas verdes legítimas van quedando la Casa de Campo y el Monte del Pardo, además de algún que otro parque o campo de golf.
La evolución de la ciudad fuerza a la población a hacer un uso más seguido de la transportación urbana, acrecentando las emisiones contaminantes y por consiguiente disminuyendo la calidad del aire. Consecuencias que se evidencian tanto en el centro como en todo el terreno urbano. En etapa veraniega, las islas más calurosas abruman a sus pobladores, la poca afinidad social se hace frecuente para los que pueblan los barrios nuevos y el desgaste de equipos también pasa a la cotidianidad.
Fernando Prieta declara que: “Hemos arruinado algunas zonas verdes importantes para las próximas generaciones; y la urbanización es un proceso difícilmente reversible, que además puede afectar al ciclo hidrológico para el resto de los ecosistemas.”
Con respecto a las áreas boscosas de Madrid, al parecer no variado tanto, pues su superficie forestal ha tenido un leve descenso, y se sigue considerando el 48% de la superficie de la comunidad. Aunque en el informe en cuestión sostiene que su estado de gestión y cuidado si ha agravado, principalmente por el despoblamiento de las áreas rurales y la dejación de prácticas tradicionales de manejo del territorio. Lo que provoca un crecimiento de los incendios y que los bosques estables y maduros vayan en detrimento.
La agricultura es la más sufrida por el auge del suelo artificial, sobre todo los cultivos en mosaico, frutales, prados y praderas que abastecen al sector ganadero. Las cifras muestran que en 1987 existía un 42% del total asignado a lo agrícola, y para el 2011 disminuyó a un 37%, eliminando unas 43.946 hectáreas.
Y como consecuencia de lo anterior planteado, pues aparecen los campos de golf artificiales, las zonas verdes urbanas y las instalaciones deportivas multiplicándose triplemente a lo que representaban en 1987, ya que han pasado de 4.000 a 11.000 hectáreas en estas décadas.
En el informe resume que el modelo de construcción urbano que despliega Madrid desde hace 30 años es “depredador del territorio, que menoscaba otras actividades más sostenibles y empeora la calidad medioambiental que garantiza la calidad de vida de la ciudadanía”. Y ya que, tarde o temprano, aparecerán los límites de desarrollo, es inadmisible que sea la transformación de los suelos lo que sostenga la economía productiva y de financiera.
Mas, cuando se tienen opciones que no dañen ni menosprecie el valor del territorio, que preserve la soberanía alimentaria y la energética, de la que tanto escasea la Comunidad de Madrid. Opciones tanto naturales, como el agua y la superficie productiva, humanas, con una población altamente capacitada y materiales, contando con servicios públicos y fondo monetario.
Es entonces que se exhorta a construir una economía verde y sostenible, en plan de reestablecer el suelo degradado, incrementar la eficiencia energética y la utilización medida de los recursos para un autoconsumo energético, y optimizar el cuidado de medio ambiente en los bosques, sierras y espacios protegidos.

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