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No me obligues a Fumar

Los fumadores ven cada vez más amenazada su libertad para fumar en espacios públicos, principalmente en los centros de trabajos.

Según un nuevo pronunciamiento judicial anunciado recientemente, las empresas tienen derecho a prohibir la práctica de este hábito en los espacios abiertos de sus recintos. Dicha prohibición se encuentra respaldada además por una serie de medidas dirigidas a desalentar a los empleados que salen a la calle a por un cigarrillo.

 En el año 2014, el porcentaje de hombres de 65 a 74 años fumadores diarios fue de un 16,4%, mientras que el de mujeres se situó en el 6,7%. En esta franja de edad el porcentaje de mujeres que fumaban a diario fue considerablemente menor que el de hombres. De hecho, el porcentaje de mujeres fumadoras a diario fue considerablemente menor que el de hombres en todas las franjas de edad. Esta estadística muestra el porcentaje de fumadores diarios en España en 2014 en función del género y grupo de edad. Habría que ver como se han comportados estos datos hasta el presente año.

Según la sentencia dictada por el Tribunal Superior de Justicia (TSJ) de Cantabria, la nueva disposición contra el tabaquismo le da la potestad al empresario, como titular del centro de trabajo, de prohibir “que se fume en el interior del recinto fabril, incluidos los espacios que se hallen al aire libre”, aun cuando se les hubiera permitido hacerlo con anterioridad. En este proceso se estudia la demanda que interpusiera contra Nestlé, el sindicato de funcionarios del CSIF, cuando la prohibición de fumar se extendió, de una de sus fábricas, a todo el centro de trabajo.

A raíz de la entrada en vigor de la Ley 28/2005 que supuso un conjunto de medidas sanitarias contra el tabaquismo, la compañía habilitó dos espacios para fumadores, los cuales, en 2015, se restringieron a solo uno. Pero esto no duró mucho tiempo, ya que, en diciembre de 2016, la dirección de la multinacional, comunicó a sus trabajadores que a partir del 1 de marzo del 2017 dicho punto seria eliminado “estando prohibido fumar desde entonces en todo el recinto”.

La legislación antitabaco no solo se limita a proteger la salud de los fumadores tanto pasivos como activos, además incentiva a estos últimos a dejar el hábito, poniéndole una serie de trabas a la hora de fumar. Esta Ley establece en su artículo 7 la prohibición general de fumar en los centros de trabajo públicos y privados “salvo en los espacios al aire libre”, aunque esta restricción puede ampliarse a “cualquier otro lugar” por mandato legal o decisión del empresario, titular del centro laboral. El cigarrillo es un derecho La jurisprudencia ha tenido que pronunciarse en varias ocasiones, desde que entró en vigor la legislación contra el tabaco, para precisar su encaje con los derechos de los trabajadores y la normativa laboral.

La sentencia del TSJ cántabro reconoce que encenderse un cigarrillo durante la pausa para alimentarse, es un derecho del trabajador; posición reconocida por otros órganos de justicia. De igual forma lo reconoció el Juzgado de lo Social no. 2 de Pamplona, al disponer el derecho del que gozan los empleados de salir del recinto empresarial para poder fumar durante la pausa para el bocadillo, y lo manifestó en una sentencia de 2007, frente a la pretensión de la compañía de impedirlo. Determinando así que “el tiempo del bocadillo es de descanso y el que se compute como trabajo efectivo no habilita a la empresa para extender desorbitadamente su poder de dirección y control”. ¿Justifica el despido? Cabe destacar, además, que otro de los problemas que genera el tabaco en las empresas, es considerar motivo de despido, el hecho de que un empleado fume violando así la prohibición legal o empresarial en cuestión.

Así lo determinó el TSJ de Castilla-La Mancha en 2016, cuando aseveró que no basta con que se demuestre que el trabajador ha encendido un cigarrillo en el centro de trabajo para poderlo despedir disciplinariamente. Es necesario, además de corroborar que el empleado incumplió con el reglamento interno de la empresa, acreditar dicho incumplimiento como grave y culpable. Por su parte, el Tribunal Superior de Canarias, ese mismo año admitió como procedente un despido por esta misma razón, pero debe destacarse el hecho de que el cigarrillo encendido por el empleado provocó un incendio en su recinto laboral.

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