Las vacas y sus excrementos. Otra forma de obtención de energía.

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Excrementos de oro de las vacas.

Imagen panorámica de poblado donde se puede apreciar el parque eólico y las casa con paneles solares.

Wildpoldsried era un poblado de ganaderos y oficinistas como otro cualquiera, del sur de Alemania. La juventud emigraba pues las oportunidades laborales eran escasas. Hasta que, los pobladores preocupados, se reunieron y firmaron una lista de las necesidades más apremiantes que requería la ciudad. Solicitaban, como una carta a los reyes de navidad, una piscina, un consultorio médico, un teatro… Y evaluaron que, mínimo, en dos generaciones la lista podría ser cumplida. Siendo logrados tales sueños solamente diez años después.

En este pueblo, se protagonizó una de las revoluciones energéticas más admiradas por el mundo, y que ha beneficiado a sus ciudadanos. Produciendo siete veces más energía de la que consume invirtiendo en renovable, rasgo por el que ha llegado a ser famoso. Peculiaridad que logra por las leyes que benefician las energías limpias y que conceden a los pequeños productores negociar sus excedentes a la red en un módico precio. Alemania se ha transformado en un ejemplo mundial en políticas climáticas y se propone además terminar la dependencia de los combustibles fósiles impulsando los renovables. Lo que, se ha logrado un moderado impacto en la disminución de las emisiones contaminantes, gracias a que la producción de energías limpias ha aumentado. Se ha empeñado la política energética junto con las eléctricas y lanzado los precios de la electricidad.

El milagro de Wildpoldsried no ha sido gracias a la política. Por lo que la historia excepcional de este pueblo muestra hasta donde, muchos alemanes, son capaces de proteger el medio ambiente, aislado de las preferencias políticas. No siendo parte de su patrimonio representativo: reciclar basura, comer ecológicamente, vetar contra las nucleares o montar bicicleta para los ecologistas alemanes. Además, se explica el motivo por el cual el partido verde, afectado por un perjudicial éxito, transita por bajas horas. Al haber prevalecido sus ideas y que se asumen por todas las formaciones, pues los votantes prescinden de ellos, datos que fueron reflejados en las encuestas. A pesar de la disminución a un 7% de los votos, los Verdes podrían ser socios, gracias a la aritmética de las coaliciones, del Gobierno del bloque conservador de Angela Merkel.

En este poblado es fabricado un afamado queso montañés por los ganaderos de los Alpes de Algovia, que aún no solidifica en los mercados de Europa. Y muchos para su subsistencia poseen un segundo sueldo, gracias a la energía renovable. Según Wendelin Einsiedler, de los excrementos fermentados de sus vacas próximo a los molinos de vientos y las placas solares, producen una energía que suma hasta el 80% de sus ingresos. Son una totalidad de 70 vacas las que posee, y éstas fabrican cantidades enormes de excrementos que nutren la planta más grande de biogás del pueblo. Se incluyen también restos de las vacas, manzanas podridas, patatas, hierbas y biomasa en general. Al compás de la fermentación bullen 800 toneladas de pasta de residuos en un megadepósito.

Einsiedler, ganadero que es la campechanía hecha hombre, con sus 61 años, baja de su tractor en un día soleado, con su camisa de cuadros y una sonrisa amplia. Comenta: “Me fascina la idea de que del viento o de la caca de la vaca pueda salir energía. Si puedes cuidar el medio ambiente y a la vez ganar dinero, pues mejor”. Fue el primero que apostó por invertir en renovables. Y ya luego de su éxito, le fueron siguiendo. Este es mi seguro para la vejez. El viento y el sol van a seguir dándome beneficios y encima con buena conciencia”.

El teniente alcalde del pueblo, Günter Mögele, comenta que en el ecohotel cuando se realizó la lista de pedidos a los reyes, y se calcularon las finanzas, se evidenció que al consumo energético se le asignaban la mayoría de los gastos. “Entonces pensamos ¿por qué no producimos nosotros nuestra propia energía?”. Uno de los proyectos iniciados fue entonces suprimir el sistema de gasoil e instalar uno de calefacción centralizada para todo el pueblo. Actualmente, un total de 120 pisos y 4 empresas están conectadas a la red, considerándose que el 90% de la energía de la calefacción es producida por el biogás que se produce en las granjas como la de Einsiedler.

Energías solar y eólica complementan la mezcla energética que beneficia a los pobladores, gracias a una empresa mancomunada, que tiene como socios solamente a los 2.600 habitantes de Wilpoldsried. Sitios como, el gimnasio, la escuela o la casa de niños, producen más de lo que consumen. Lo que sobra de esta energía se les vende a las compañías eléctricas, mediante una ley de las energías renovables del año 2000, que en varios países ha sido copiada y que asegura el precio por kilowatio generado por energías limpias. Para el pasado año, los pobladores afirman que alrededor de 6 millones de euros fueron logrados mediante la venta de la energía que le resta. Y gracias a este dinero van pagando el crédito de solicitaron para la infraestructura, y el excedente es para ellos.

En el sótano de la turbina, por donde traspasa el agua caliente, es un cruce de tuberías, que en el mapa que cuelga, se llegan a ver los 4 km de dicha red. Los habitantes comentan que, al ver girar la turbina, ya se auguran sus próximas vacaciones.

El Ayuntamiento del pueblo, tiene en su poder la mitad de la CSU, el ala bávara del bloque conservador de Angela Merkel, 14 concejales, y el resto es independiente. Mögele, que es uno de los independientes y que es parte del equipo que ha estado frente al pueblo en 20 años, explica que: “Aquí los partidos no son relevantes. Los verdes han perdido su razón de ser. Ahora hablan de todos los temas y quien mucho abarca…”. Ya el partido Verde no tiene representación alguna.

Una de las empresas puntera que produce baterías almacenadoras de energía renovable, Sonnen, y que Christoph Ostermann, es el CEO, tiene su inmueble allí. Christoph se consagra a un negocio que lucha por mantener una atmósfera pura, y piensa que el partido ecologista alemán está pasando por una crisis de identidad. Al respecto, opina: “En los 80, los Verdes tenían su razón de ser, había que luchar contra las nucleares e implantar el modelo ecológico, pero hoy las renovables son de sentido común para todos los partidos. La propia Merkel fue la que decidió parar las nucleares. Las renovables son además cada vez más competitivas, es un consenso nacional”. Una reciente encuesta de la Agencia para las energías renovables indica que el 95% de los alemanes considera la expansión de las renovables “importante” o “muy importante”.

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